No esperéis que China guíe la defensa del orden mundial 

China se está posicionando como una fuerza de estabilidad en tiempos de incertidumbre, pero su modelo de gobernanza está fundamentalmente en desacuerdo con el orden liberal internacional.

El discurso del presidente Xi Jinping en Davos parecía insinuar que China estaría dispuesta a reemplazar a un Estados Unidos cada vez más aislacionista como el líder del orden internacional, pero un análisis realizado por ECFR (en sus siglas en ingles) de la trayectoria internacional de China sugiere que las esperanzas de que esto ocurra son equivocadas.

A medida que el crecimiento económico de China se ha intensificado, también se ha incrementado su integración en el orden mundial. Se ha convertido en un partidario del sistema de las Naciones Unidas, donde goza del poder de veto que le otorga su escaño permanente en el Consejo de Seguridad. Desde 2004 se ha vuelto muy activo en las operaciones de mantenimiento de la paz, participando en nueve operaciones de la ONU e incluso desplegando tropas de combate en Malí y Sudán del Sur. Sus abstenciones sobre las resoluciones de la ONU también están disminuyendo. China se abstiene ahora únicamente el 2 por ciento de las resoluciones de la ONU y ha apoyado 170 de los 178 votos para sanciones.

China, además, se ha convertido en un líder financiero global. Comenzó la liberalización del capital en 2010 y, en 2015, alcanzó el estatus de moneda internacional, dándole legitimidad y ventaja en el sector financiero internacional.

Sin embargo, el que China se haya volcado en la cooperación internacional en materia de clima, ha sido lo que quizá ha contribuido de manera decisiva a aumentar las expectativas sobre su capacidad de liderar el orden mundial. Desde su bloqueo en la conferencia climática de Copenhague en 2009, China parece haber cambiado de rumbo, invirtiendo recursos significativos en la energía renovable. Su voluntad de firmar el acuerdo climático de París y un acuerdo aún más ambicioso con Estados Unidos el año pasado ha llevado a renovar las esperanzas de que China sea un líder responsable global.

El hecho de que China haya sido el mayor beneficiario del sistema comercial internacional, de haber asumido un compromiso político para mitigar el cambio climático y de ser un contribuyente cada vez más importante al sistema de las Naciones Unidas, refleja la creciente integración de China en el orden mundial. Sin embargo, una mirada más profunda a su participación en las tres áreas sugiere que es muy poco probable que China sea líder de ese orden. Más bien, continuará escogiendo dónde se involucra y dónde empuja hacia atrás.

Por ejemplo, si bien China puede ser ahora el segundo mayor contribuyente a los presupuestos generales y de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, se trata de obligaciones legales dictadas por la ONU. Cuando se trata de las contribuciones voluntarias para los esfuerzos humanitarios, China ha sido clasificado únicamente como el 39 º mayor contribuyente de ACNUR en 2016, con una donación de $ 2,8 millones.

Mientras que se ha vuelto activo en las misiones de mantenimiento de la paz, se ha opuesto a cualquier mandato de la ONU de intervenir militarmente en la guerra civil siria, como lo hizo en Libia en 2011. Aunque últimamente ha aprobado muchas resoluciones, la dura negociación de Beijing también ha tumbado muchas de ellas. Además, existen grandes interrogantes sobre si Beijing ha implementado acuerdos de sanciones clave sobre Irán y Corea del Norte.

De esta manera, China ha rechazado el orden internacional de manera directa cuando se trata de sus propias disputas regionales. A pesar de haber ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, Pekín se ha negado a reconocer la validez del proceso de arbitraje, que el año pasado falló contra sus reivindicaciones territoriales en el Mar de China Meridional.

A pesar de todo el alboroto alrededor de la internacionalización del yuan, la moneda juega sólo un pequeño papel en las transacciones internacionales. Según SWIFT, el uso de la moneda china en los pagos globales disminuyó del 2,31 por ciento en diciembre de 2015 al 1,68 por ciento en diciembre de 2016. Su liberalización de capital también se estancó en la misma época. Menos de dos meses después de que el yuan se agregara a la cesta de DEG del FMI, las autoridades impusieron nuevos controles, congelando efectivamente la liberalización de sus flujos de capital. China se ha convertido sin duda en un actor financiero importante, pero esto tiene que ver más con sus grandes reservas monetarias que con la internacionalización del yuan o la liberalización del capital.

Finalmente, sobre la acción climática, las apariencias vuelven a ser engañosas. La oposición de China a cualquier tipo de objetivos jurídicamente vinculantes o la verificación internacional del progreso significó que el acuerdo COP21 de diciembre de 2015 carecía de sustancia legal. A pesar de las inversiones de China en energía renovable, se ha mantenido como el mayor exportador mundial de centrales térmicas de carbón. India, por ejemplo, comprará una planta térmica de carbón de China cada tres semanas durante los próximos cinco años.

El error cometido por aquellos que esperan un mayor liderazgo chino en los próximos años es confundir la globalización económica con el orden liberal global. China es un claro beneficiario y partidario de la primera. Si bien tiene opiniones liberales sobre el comercio, tiene valores muy diferentes en otras áreas, como demuestran los estrechos controles internos de Beijing sobre información y comunicación. Esta polarización está, en todo caso, cada vez más profundamente arraigada bajo Xi Jinping, cuyo orden global preferido es a la vez de bajo coste e iliberal.

Por consiguiente, Europa debería tratar de hacer que China tenga en cuenta sus recientes compromisos con el multilateralismo, el Estado de Derecho y la liberalización económica, pero no debería esperar que China reemplace a Estados Unidos como bastión confiable de un orden mundial basado en reglas y libre comercio. El sistema político de China ofrece oportunidades para la cooperación sectorial cuando coincide con los intereses chinos, pero este enfoque variable es simplemente incompatible con los compromisos principales del derecho internacional y las normas mundiales.