Joaquín Almunia, ex vicepresidente de la Comisión Europea y ex ministro, analiza cómo afectará la crisis del coronavirus a la situación económica. Esta entrevista fue realizada por José Ignacio Torreblanca, director de la oficina ECFR en Madrid.

José Ignacio Torreblanca (JI) - ¿Qué tal llevas el confinamiento?

Joaquín Almunia (JA) - En lo personal, muy bien. Lo que me preocupa es lo que supone en sí la crisis, la salud, las muertes, la gente que está en las UCIs… Y me preocupa mucho lo que nos espera. Es muy duro lo que estamos viviendo, sobre todos para los afectados, y es muy duro lo que vamos a vivir.

JI -  ¿Cuál crees que va a ser el impacto económico de esta crisis? No sé si tenemos la información para saber qué pasará a corto, medio y largo plazo. Francia ha hecho público un dato de caída del PIB del 6%, nuestro empleo también se ha desplomado muy rápidamente…

JA - El impacto a medio plazo es muy difícil saberlo. Hay que manejar escenarios diferentes: depende de cuánto dure, de cuándo los diferentes países vayan doblando la curva, de lo que hagamos una vez que se vayan relajando las medidas de aislamiento… Porque esto se puede repetir. Ferguson, el famoso epidemiólogo del Imperial College de Londres, ha publicado un gráfico reproducido por algunos medios donde se ve cómo puede ir rebotando la crisis, algo que va a depender de las medidas que se tomen para hacer un desescalamiento progresivo y para seguir manteniendo una disciplina ciudadana básica. Cada uno de nosotros somos un factor de riesgo para todos los demás, para los que nos rodean.

JI - ¿Crees que es asociable la profundidad de esta crisis a la que vivimos en el 2008, o en qué orden de magnitud estamos operando? ¿Podemos hablar de la Gran Depresión de los años 30?

JA - A medio plazo, creo que va a ser una crisis más fuerte que la de 2008. A corto plazo, en estos momentos de cierre de muchas actividades económicas –que se van a ir reabriendo progresivamente–, las cifras son de caídas en el crecimiento muy fuertes de un trimestre sobre otro. Las estimaciones para este 2020 es de que todos los países vamos a estar en recesión y vamos a perder varios puntos de PIB a lo largo del 2020. No sabemos todavía cuánto –depende de cómo estemos en el tercer y cuarto trimestre–, pero vamos a perder PIB, va a caer la economía y vamos a estar, estamos ya, en recesión. Ahora, cuánto dure la recesión y cómo se recuperen las economías a medio plazo es todavía muy difícil de prever porque, entre otras cosas, muchas de las medidas que se van a tener que adoptar para relanzar la economía y recuperar lo que estamos perdiendo en estos meses de crisis directa, aún no las sabemos. Están discutiéndose muchas medidas, conocemos muchas de las que se han tomado o se van a tomar en próximas semanas, pero no sabemos cuánto dinero, cuántos recursos habrá y cómo se van a utilizar para recuperar lo que estamos perdiendo ahora.

JI - Entonces, precisamente vamos a una situación, como en crisis anteriores, donde la mezcla de lo que los Estados pueden hacer en el ámbito nacional y el apoyo que pueden recibir en el ámbito europeo, es clave. ¿Cómo ves este reparto de qué tenemos y debemos hacer por nosotros mismos, y qué necesitamos que haga la Unión Europea, porque solos no podemos llegar?

JA - Todos tenemos que hacer muchas cosas y las estamos haciendo ya, más a nivel nacional que a nivel europeo, y más a nivel europeo que a nivel global, pero desde todos los niveles tenemos que actuar: cada uno de los países –y más en aquellos descentralizados como el nuestro–, cada uno de sus niveles de gobierno, la Unión Europea… En esta última ya se están haciendo cosas y otras se están debatiendo, ojalá lleguen pronto a un acuerdo. A nivel multilateral, se está empezando a reaccionar. En una conversación en la que participé estos días, decía Pascal Lamy, que por primera vez desde el inicio de la crisis se había reunido el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Me parece tremendo que en un mundo global en el que estamos viendo los enormes daños que produce la caída del comercio internacional, de intercambios, de cooperación entre unos y otros, no tengamos en estos momentos una gobernanza global mínimamente adecuada a la dimensión de esta crisis.

JI - En el ámbito específicamente europeo, parece que tenemos un poco de barullo en torno a si Europa ha actuado o está actuando tarde o si lo está haciendo de forma insuficiente. Estamos viendo, en parte, una reedición de algunas de esas viejas peleas Norte-Sur, católicos-protestantes…

JA - Creo que Europa está actuando a diferentes niveles y en cada uno de ellos hay diferentes repartos de responsabilidades entre los países que formamos parte de la Unión Europea y la propia Unión y sus instituciones. El Banco Central Europeo es una institución federal y ha actuado en esta crisis mucho más rápidamente y de forma mucho más contundente de lo que hizo durante los primeros cuatro años tras la crisis del 2008. Incluso en 2015 ha actuado más de lo que actuaba en 2012, que es cuando empezó a hacerlo de manera decidida y determinada. La Comisión Europea no tiene casi competencias en materia de crisis sanitaria, y está haciendo lo que puede en función de ellas… y puede hacer poco, pero ha buscado en el presupuesto de la Unión Europea qué dinero había disponible para este año 2020. Ha encontrado 37000 millones, que no es mucho dinero, sobre todo pensando en la cantidad de desafíos que esperan ser atendidos con recursos y con iniciativas concretas. Hay mecanismos de coordinación de experiencias a escala europea, pero son débiles; es una coordinación de lo que hacen los Estados porque no pueden tomar decisiones por sí mismos. ¿Podrán hacerlo a nivel europeo? Yo creo que es fundamental tener un presupuesto, y los jefes de Estado y de Gobierno, poco antes de que estallara la crisis, habían sido incapaces de llegar a un acuerdo para los presupuestos de los próximos siete años. Ahora tienen que recuperar el tiempo perdido, pero están muy ocupados con los problemas de sus respectivos países o con su respuesta económica, coordinada en la zona del euro.

Ese presupuesto tiene encima de la mesa un proyecto, pero es un proyecto que se hizo hace tres años y, por lo tanto, hay que reformarlo para presentar uno que esté a la altura de lo que vamos a tener que hacer como europeos en los próximos siete años. Estamos haciendo –o tratando de hacer– tantas cosas a la vez que no va a ser fácil, aunque sea urgente. Y luego está la zona euro, en la que creo que las posiciones se han acercado mucho más de lo que se ve en algunos titulares de prensa. Leyendo la letra pequeña de los medios de comunicación y de quienes han estado en esas reuniones de los ministros de Finanzas de la zona euro, las posiciones yo creo que están bastante cercanas, pero queda el paso final. Por un lado, porque en Italia, el Gobierno, por razones italo-italianas –no por ningún defecto estructural del mecanismo de estabilidad–, no quiere utilizar ese mecanismo de estabilidad y nadie le va a obligar a utilizarlo; pero no pueden forzar a que el resto de los países de la zona del euro no tengamos abierta esa puerta. No pueden vetar un acuerdo sobre el mecanismo de estabilidad si no lo quieren utilizar, es su decisión: nadie está obligado a pedir préstamos si considera que no lo necesita o que puede encontrar dinero en mejores condiciones.

Luego, está el Banco Europeo de Inversiones, un mecanismo de la Unión a 27 que ha adoptado unas decisiones de poner en común avales y garantías para prestar 200.000 millones de euros, pero probablemente ese es un primer paso. El Banco Europeo de Inversiones, si los Estados miembros –que son sus accionistas– lo recapitalizan y le abren la puerta, puede hacer en los próximos años bastante más para financiar la recuperación. Y eso es algo que se lo tenemos que pedir a una institución europea como el Banco Europeo de Inversiones: se lo tenemos que autorizar como países y pedirle a sus responsables que aprovechen esa utilización. Después, quedan ideas más de futuro que tienen que ver con los coronabonos. A corto plazo, en estas semanas yo creo que no es posible que se llegue a un acuerdo: hay muchos países que se oponen radicalmente a ellos y, por lo tanto, los países que estamos a favor de la utilización de esos eurobonos para la crisis del coronavirus, no podemos vencer las resistencias inmediatas. Sin embargo, creo que en el futuro se van a abrir paso, porque los demás instrumentos no van a ser suficientes para todo lo que tenemos que hacer y para recuperar el tiempo que estamos perdiendo, para mantener niveles de crecimiento, de generación de empleo y de bienestar, ligados además a nuestros grandes desafíos, que estaban ahí antes de la crisis y que van a seguir estando cuando acabe el confinamiento. Por ejemplo, el cambio climático y cómo lucha Europa contra él mediante el Green Deal, una de las prioridades de la Comisión Europea. Eso no va a desaparecer por el hecho de que estemos luchando ahora contra la crisis, más bien va a ser una de las vías de solución para recuperar músculo económico. También la digitalización y cómo aprovechamos las oportunidades que trae aparejadas y que nos están permitiendo comunicarnos y trabajar en esta crisis. Hay que hacer muchísimas más cosas en Europa, no nos podemos quedar atrás de Estados Unidos, de China o de otros países en todos los servicios digitales, las infraestructuras y las garantías para su uso. Eso va a seguir siendo una prioridad, probablemente incluso mayor aún de lo que era antes de la crisis. Todo eso está por hacer y hay que irlo pensando mientras financiamos al sistema de salud, mientras conseguimos que los contagios disminuyan y que las altas sigan incrementándose, mientras conseguimos salvar vidas. Además, hay que pensar en las vías por las que nuestras economías van a poder recuperar el tiempo perdido, y debemos hacerlo a escala europea, no podemos pensarlo cada país por separado.

JI - En esta discusión sobre el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que parece el nudo gordiano desde el punto de vista italiano y no sé hasta qué punto el español, está claro que ese MEDE es un mecanismo de préstamo por una condicionalidad.

JA - No solo es eso, pero se ha utilizado así. Se creó en 2011 y se ha utilizado en 2012 y 2013 hasta el 2018 –en que acababa el programa griego para países que estábamos sufriendo la crisis financiera–, pero el mecanismo de estabilidad vale también, como se refleja en su tratado, para otro tipo de financiación de actividades que no están ligadas a la necesidad de un país en crisis que ha perdido acceso a los mercados. Y eso es lo que están discutiendo ahora. Por los debates que han mantenido los ministros de Finanzas, está claro que las condiciones para quien quiera recibir financiación del Mecanismo de Estabilidad no van a tener nada que ver con las que se han exigido a los países que han tenido necesidad de ese dinero porque no tenían acceso a los mercados de su deuda pública y no la podían emitir, o les salía un tipo de interés extraordinariamente alto y preferían ir al mecanismo de estabilidad. Entonces había unas condiciones ligadas a la crisis que ya hemos superado y, por lo tanto, ahora la utilización del mecanismo de estabilidad que se está debatiendo va a ser muy diferente. Los tipos de interés, en la mayoría de los casos, van a ser más bajos que los que puede conseguir en los mercados cada país por separado; los plazos de financiación van a ser largos, pero las condiciones, sean las que sean, no van a tener nada que ver con las que asociamos a las troikas, a la crisis griega o incluso aquí, con la experiencia española, al rescate de nuestro sistema financiero en el año 2012.

JI - Al final, tanto el MEDE como los coronabonos cuando entren en vigor, no dejarán de ser un préstamo que hay que devolver, generando, eso sí, ingresos económicos.

JA - Me temo que, si no generamos recursos suficientes gracias al crecimiento, a la generación de empleo y a lo que podamos vender a otros países que también están en crisis, lo que no podamos financiar con nuestros propios recursos lo tendremos que conseguir en los mercados. Nos tenemos que endeudar, pero este no es el momento de pensar en cuánto va a subir la deuda, porque eso lo tendremos que hacer cuando hayamos resuelto los problemas urgentes de esta crisis sanitaria. Habrá, efectivamente, que hacer frente a unos niveles de deuda bastante superiores a los que ahora tenemos los diferentes países, pero eso no puede ser un límite ahora. Es más, ahora las condiciones de financiación en los mercados, de momento al menos, están siendo muy favorables, con unos tipos de interés muy bajos y hay mucha gente en los mercados que quiere utilizar sus recursos y que está dispuesto a prestar. En el futuro, nos tendremos que ocupar de la deuda como nos teníamos que haber ocupado en el pasado, pero en el presente no es momento de considerar que el nivel de endeudamiento es la mayor restricción. Es el menor problema que tenemos en este momento, los más importantes son que tenemos que aislarnos, que tenemos que conseguir disminuir los contagios, curar a la gente infectada, salvar vidas y, además, tratar de apoyar a aquellos sectores que están sufriendo directamente en sus economías, como los autónomos, las pequeñas empresas o los sectores que están paralizados. Tenemos que tratar de paliar las consecuencias inmediatas que está teniendo esta situación de emergencia, que no va a ser eterna.

JI - Aunque decimos que esto no es un shock asimétrico porque afecta a todos los países, por desgracia ha afectado más a dos países, España e Italia, que entraban debilitados o con una capacidad de endeudamiento menor.

JA - Con perdón de los amigos italianos, unos entraban más debilitados que otros. En Italia y España es verdad que hemos recibido antes que otros países europeos el shock –han aumentado aquí antes los contagios y las muertes debidas al coronavirus–, pero eso no quiere decir que en el saldo final de esta crisis vayamos a ser los que más hayamos sufrido, porque no lo sabemos todavía. Hace pocos días, el presidente Trump casi decía que la crisis no iba con ellos, y hoy son con diferencia el país que está teniendo más problemas día tras día. Los está teniendo el Reino Unido, cuando también Boris Johnson dijo que no les iba a afectar y que podían resolverlo con medidas mucho más flexibles. Por desgracia, incluso le está afectando a él personalmente, pero también a miles y miles de británicos. En Francia, en estos últimos días están viviendo un crecimiento de muertes por coronavirus más alto que el que tenían hace nada y más que el que estamos teniendo nosotros estas últimas semanas. Por lo tanto, creo que no es buena técnica decir que todos los demás lo han hecho bien y nosotros somos los únicos que lo hemos hecho mal y que estamos sufriendo. Es verdad que nadie tenía el manual de instrucciones para hacerlo todo bien cuando estalló la crisis y es verdad que ha habido decisiones que, mirándolo ahora con perspectiva de unas semanas, ojalá las hubiésemos adoptado antes, pero eso nos está pasando a la mayoría de los países. Lo que tenemos que hacer es aprender de las buenas experiencias de los demás en vez de especializarnos en criticar las malas experiencias propias y ajenas. Ya habrá tiempo para hacer un balance y una evaluación.

JI - España tiene una vulnerabilidad adicional: un mercado de trabajo con más temporalidad y un sector económico, como el turismo, que nos aporta un 14% del empleo y un 12% del PIB, que está más expuesto y que va a tardar más en recuperarse que otros sectores. Dado que has jugado un papel relevante en la política española como ministro en varios gobiernos y secretario general del Partido Socialista, más allá de las etiquetas o de si las comparaciones con otros países son las adecuadas o no, ¿cuál es la estrategia de salida como país, desde el punto de vista de la gestión política y económica que te gustaría ver? Estamos hablando de Pactos de la Moncloa y consensos para abordar una pandemia que nos añade debilidades.

JA - Esas reflexiones que has hecho en tu pregunta –y que comparto–, se deberían haber hecho tiempo atrás, cuando lucía el sol, cuando las vacas estaban engordando, cuando había crecimiento. Cuando pensábamos que ya no íbamos a sufrir nuevas crisis, teníamos que haber pensado en cómo reforzar nuestro sistema productivo, cómo corregir desequilibrios tan lacerantes como el de nuestro mercado de trabajo, cómo hacer una estructura productiva más sólida, más competitiva o con mayores aumentos de productividad. Eso significa hablar de políticas educativas, de mejorar el funcionamiento del mercado de trabajo, de incentivar la investigación y la innovación, de tener una mejor regulación de las actividades económicas para que haya menos barreras para el crecimiento de actividades productivas con futuro para mejorar la situación de las pequeñas empresas. Hay muchas actividades que empiezan a través del lanzamiento de nuevas y pequeñas empresas, pero lo que hay que hacer es eliminar barreras para que todas aquellas que puedan crecer, lo hagan y se fortalezcan: que puedan tener una mejor estructura de gobernanza interior, utilizar mejor la innovación y los recursos humanos, fomentar más la cualificación…

Materia para hablar de unos Pactos de la Moncloa similares a aquellos del año 1977 hay, y da para muchos años de reflexión, de análisis, de definición de estrategias, de utilización de las políticas más adecuadas… Pero eso exige también no solo buenos economistas, tecnólogos, pedagogos o investigadores, exige también buenos políticos, buenos mecanismos de reflexión y debate político e implica utilizar las contribuciones de unos y de otros al servicio de objetivos comunes como país. Si eso era necesario en el año 77 –que lo fue, muchísimo, y nos hemos beneficiado de lo que se hizo entonces hasta hoy–, ahora es muy necesario no copiar lo que se hizo entonces sino utilizar la misma inspiración política que nos pudo permitir como país llegar a aquellos acuerdos de La Moncloa.

JI - Has trabajado, estudiado y escrito sobre los problemas y el futuro de la socialdemocracia, ¿crees que esta crisis obliga o ayuda o requiere redibujar el peso relativo de Estado y mercado? ¿Es un gran cambio en la asignación de tareas y en el peso relativo del sector privado y sector público? ¿Cómo queda la socialdemocracia?

JA - Todavía no lo sabemos. Estamos comprobando en estas semanas lo importante que son determinados servicios públicos, como la sanidad, pero también lo vamos a ver inmediatamente con la importancia de la educación, de la investigación, de que los mercados –no solo el laboral, que por supuesto– de productos y servicios funcionen adecuadamente. Es esencial pensar qué reformas se necesitan, y las reformas necesitan una cooperación entre los gobiernos y las instituciones públicas y los partidos políticos y la sociedad civil, los ciudadanos, los interlocutores sociales. Respecto al equilibrio entre Estado y mercado después de esta crisis, creo que hay actividades propias del Estado que solo él puede realizar –o, por lo menos, coordinar e incentivar–, que van a tener mucha más importancia de la que le daban algunos hasta hace pocos meses. ¿Eso quiere decir que la economía de mercado va a desaparecer, que vamos a ser todos un país al estilo chino antes de que los chinos descubriesen el mercado? Creo que no. La democracia es fundamental, aunque la solidez de las instituciones democráticas también tenga sus riesgos en una situación tan compleja como ésta. Mi apuesta y mi deseo es que las funciones que solo el Estado puede desarrollar tienen que ser reforzadas. Eso exige que se abandone esa demagogia anti impuestos que existe desde hace muchos años y que, curiosamente, en España no existía hasta ahora que ha prendido en algunas fuerzas políticas. Ojalá tuviésemos más recursos porque no se hubiesen hecho rebajas fiscales para algunos que no eran en absoluto necesarias. También hay que ver que la economía de mercado funcione mejor, porque si funciona bien, tiene buenas regulaciones, instituciones y buenos reguladores independientes para los sectores que necesitan de ese tipo de instituciones, creceremos más y el Estado tendrá que soportar menos cargas adicionales. Yo creo que ese debate es fundamental. En las socialdemocracias teóricamente estamos mejor situados que otros para entrar en ese debate con muchos argumentos y con muchas razones. Vamos a ver si políticamente estamos preparados para ello.