Una serie de ataques y enfrentamientos en Libia durante el fin de semana han vuelto a poner al país en el punto de mira: ataques al parlamento, peleas entre diferentes milicias en Trípoli; unidades del ejército y milicias por todo el país que se dividían entre islamistas y sus oponentes mientras una importante operación militar comenzaba el viernes en Bengasi. La situación actual, calificada por el gobierno libio de golpe de estado, es preocupante. Es necesario actuar de forma inmediata.

Un informe publicado esta semana por ECFR sugiere que Europa podría hacer más por proteger sus intereses en Libia. Tres años después de la revolución, la transición se está alargando sin avances en aspectos clave. El análisis, realizado por el investigador Mattia Toaldo, resalta que la transición de Libia se ha estancado entre la apatía generalizada hacia las instituciones democráticas y los partidos políticos, con muy poco progreso hacia una recuperación democrática, económica y de seguridad. Antes de que termine el año, deberían convocarse elecciones, establecerse un diálogo nacional para construir consenso y redactarse una nueva constitución, con la ayuda de socios internacionales como la misión de Naciones Unidas de Apoyo a Libia (UNSMIL), la UE, el G8 y los países del P3+3 (EEUU, Reino Unido y Francia, más Italia, la ONU y la UE).

La publicación de ECFR argumenta que, mientras que la situación actual requiere de la urgente mediación de la UE, sus estados miembros, más Noruega y Turquía, no deberán perder de vista la agenda a largo plazo y deberán trabajar en cinco aspectos fundamentales de forma simultánea:

  • Facilitar un acuerdo entre los grandes agentes de poder libios, mientras se incentivan acuerdos para poner fin a los numerosos conflictos locales del país y se ayuda a entrenar y formar una gendarmería políticamente neutral.
  • Promover el apoyo material y político para el establecimiento de una Comisión de Diálogo Nacional y de un sistema judicial de transición.
  • Apoyar a los gobiernos locales para que provean servicios urbanos y animar al gobierno central a que devuelva esas competencias.
  • Asegurar una mayor transparencia en la gestión de los ingresos del petróleo y el desarrollo de una economía libia post-petróleo.
  • Mejorar la coordinación del apoyo e intervención internacionales para reaccionar de forma más rápida a la cambiante situación de Libia.

La marginalización de los leales a Gadafi ha llevado a asesinatos políticos, la supresión de los medios de comunicación y a la huída de más de un millón de libios a países vecinos. Especialmente ahora, los europeos deberían dejar claro a los poderes libios que no se apoyará una estrategia en la que se excluya a una parte de la sociedad. Con la puesta en duda de la fiabilidad del suministro energético ruso, el informe de ECFR afirma que “la UE no puede permitirse que un país crucial para la seguridad energética y para frenar la inmigración ilegal a 350 kilómetros al sur de Malta y Lampedusa sea un estado fallido”.