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Ganar la guerra normativa con Rusia: Un Power Audit de la relación UE-Rusia

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Dos imágenes de las elecciones francesas de 2017 reflejan la relación actual entre la Unión Europea y Rusia. La primera, del 24 de marzo, muestra al presidente ruso Vladimir Putin recibiendo a la candidata francesa Marine Le Pen en el Kremlin. Con una sonrisa, Putin declaró con aprobación que Le Pen, de extrema derecha, representaba una gama de fuerzas políticas que ganaba impulso en toda Europa. Esta reunión personificó los temores más oscuros de Europa: el proyecto europeo ahogado en un tsunami populista nacionalista animado por el Kremlin.

La segunda imagen, sin embargo, muestra la resistencia de Europa a pesar de estos temores. Solo dos meses después, Putin aguantaba incómodo en el Palacio de Versalles junto a Emmanuel Macron, el nuevo presidente francés proeuropeo que acababa de derrotar a Le Pen. Macron declaró sin rodeos que los canales de propaganda rusos habían difundido información falsa durante las elecciones, pero lo hizo de manera práctica, sin sucumbir a la histeria que tan a menudo caracteriza las discusiones occidentales sobre Rusia en general y su intromisión en particular. El gobierno francés ignoró elegantemente un ataque de hackeo la víspera de las elecciones y Macron ganó de todos modos. Al observar la expresión impenetrable de Putin, casi se podía escuchar su mensaje no expresado: "¡Chapeau! Has ganado esta ronda. Pero habrá más ".

Estas dos reuniones muestran los altibajos de la lucha actual de Europa con Rusia. Desde la anexión de Crimea por parte de Rusia y la invasión del este de Ucrania en 2014, la UE y Rusia se han enzarzado en una batalla abierta por las normas de conducta internacional. No están de acuerdo con algunos de los elementos normativos más fundamentales del orden internacional posterior a la guerra fría: su naturaleza "unipolar" dirigida por Occidente; su énfasis en los derechos humanos y la democracia; y la idea de que los países tienen derecho a elegir sus propias alianzas y unirse una vez que cumplan los requisitos. Es una guerra normativa, y ninguno de los bandos está listo para retirarse.

La política interna en Europa se ha convertido en una de las líneas de batalla en esta lucha. Moscú hace uso de fuerzas dentro de Europa que podrían erosionar la confianza y la posición de la UE. Pero estos esfuerzos, aunque aprobados por el estado en el sentido más amplio, no necesariamente equivalen a operaciones bien coordinadas y meticulosamente planificadas con objetivos políticos concretos. Los de adentro confiesan que tales operaciones a menudo provienen de distintos agentes de Moscú haciendo su trabajo rutinario, y soldados de fortuna que prueban su suerte de una manera improvisada y ad hoc. Los europeos deben ser conscientes de tales intentos, pero la atención obsesiva a los esfuerzos de Rusia podría resultar contraproducente: podría conducir a una lucha contra las goteras en lugar de arreglar el techo.

La experiencia francesa muestra el camino. Gracias a la intervención anterior de Rusia en Alemania y Estados Unidos, el gobierno francés sabía qué esperar. Vigilaba a Rusia y sus agentes. Al menos una vez, el Quai d'Orsay contactó al embajador ruso para recordarle las reglas del juego. Pero Macron sabiamente evitó hacer de la interferencia rusa el tema central en la campaña. En cambio, se centró en los problemas de Francia y en cómo revitalizar Europa. Esta combinación - vigilar a Rusia, pero centrarse en el hogar - demostró ser una forma efectiva de ganar tanto a los votantes franceses como de manejar la intromisión rusa.

Para estar a salvo de la interferencia rusa, Europa necesita concentrarse en arreglar el techo, pero, para hacerlo, deberá mantener el techo al menos razonablemente seco. Este Power Audit de las relaciones UE-Rusia busca describir un camino para encontrar el equilibrio adecuado entre estos dos objetivos. Examina cómo Rusia entiende su lucha normativa con Europa y Occidente, y cómo la intromisión de Rusia en la política interna europea encaja en esa lucha. Luego busca entender el lado europeo y cuán efectivos los europeos han sido para contrarrestar la ofensiva normativa de Rusia. Con la ayuda de la red de investigadores nacionales de ECFR en cada país de la UE, examinamos cómo los países europeos ven sus relaciones -y las de Europa- con Rusia, y cómo perciben la interferencia de Rusia en sus asuntos internos. Finalmente, el documento describe una estrategia a largo plazo para lidiar con la intromisión rusa y ganar la lucha normativa más amplia.

 

La visión desde España

El gobierno español no ve a Rusia ni como una amenaza ni como un socio, sino como un actor estratégico importante con el cual la Unión Europea debería tratar de tener buenas relaciones basadas en principios e intereses compartidos. El público español tiene puntos de vista ampliamente desfavorables de Rusia.

Moscú tiene poca influencia en España. Mientras que algunos partidos españoles de extrema derecha y extrema izquierda consideran a Rusia como un modelo que emular, solo tiene un impacto marginal en la política dominante. Los partidos más prominentes de este tipo son Vox y el Movimiento Social Republicano, en la extrema derecha y la extrema izquierda, respectivamente. Algunos comentaristas españoles y sitios web populares muestran su apoyo a la Rusia de Putin, usualmente vinculándolo con Donald Trump, Marine Le Pen y otros políticos populistas de derecha.

Madrid ha enfatizado la ilegalidad del llamado referéndum de Rusia en Crimea, con altos funcionarios españoles que a veces hacen comparaciones entre el voto y los aspectos de las disputas separatistas de España, especialmente las de Cataluña. Madrid está a favor de liberalizar el régimen de visa de la UE con Rusia para impulsar el turismo y las relaciones económicas entre España y Rusia, pero no considera a Rusia como un socio comercial o de inversión clave.

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