El califato de ISIS se derrumba, pero las principales batallas permanecen.

Los recientes ataques terroristas en Berlín, Bagdad y Estambul demuestran que derrotar a ISIS militarmente es sólo la mitad de la batalla.

En el último año ISIS ha perdido gran parte de su territorio en Irak y en Libia. Pero sin un apoyo externo concertado para la estabilización política y económica, ambos países corren el riesgo de caer rápidamente en un nuevo conflicto, amenazando a Europa con mayores flujos de refugiados y ataques terroristas, según un nuevo informe de ECFR.

Con la desvinculación de Estados Unidos de la región bajo la presidencia de Trump, la UE y sus Estados miembros deben por lo tanto reforzar su apoyo con un compromiso a largo plazo de energía y recursos.

En Irak, la batalla por Mosul representa un punto de inflexión clave en la lucha militar contra ISIS. La lucha anti-ISIS ha sido ayudada por una cooperación sin precedentes entre las fuerzas federales iraquíes, la Peshmerga kurda, las Fuerzas Populares de Movilización (PMF) auspiciadas por el estado y otros grupos. Pero cada uno tiene su propia visión para el orden post-ISIS y el conflicto interno es probable que se intensifique una vez que ISIS haya sido derrotado.

En este contexto, los actores europeos deberían rápidamente intensificar sus esfuerzos para lograr un reparto representativo del poder en Irak más profundo, que incluya movimientos de descentralización del poder en todo el país. También será clave abordar antiguos agravios relacionados con la corrupción, la marginación política y económica de las minorías sunitas y el abuso de los servicios de seguridad nacional. En este contexto, el apoyo europeo a la reconstrucción local y la reforma del sector de la seguridad podrían desempeñar un papel importante.

En Libia el control territorial de ISIS terminó con la liberación de Sirte en diciembre de 2016. Pero la lucha de poder que se está desarrollando entre el Consejo Presidencial respaldado por Naciones Unidas, encabezado por Faiez Serraj (apoyado por EE.UU., Reino Unido e Italia,) y el Ejército de Liberación Nacional liderado por el corrupto general Khalifa Haftar (con el apoyo de Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Rusia) es probable que alimente la continuidad del conflicto. También podría conducir a un colapso de la economía, lo que crearía un terreno fértil para el yihadismo.

Si bien la estabilización total de Libia está actualmente fuera de alcance, la UE y sus Estados miembros deberían intentar congelar el conflicto actual abriendo canales de comunicación entre las partes, fortaleciendo el gobierno de unidad y reconstruyendo las devastadas ciudades de Sirte y Bengasi. Los europeos también deberían dar prioridad a un acuerdo económico para evitar una crisis humanitaria y la implosión estatal. Estas metas son fundamentales para consolidar las recientes ganancias contra ISIS y prevenir el resurgimiento del yihadismo en el país.

El destino de Irak y Libia reside en manos locales. Pero los actores europeos, a través de compromisos políticos y económicos más significativos, pueden hacer una contribución sustancial a los esfuerzos sostenibles de estabilización.

El desafío se hará más difícil por las distracciones domésticas europeas, así como por las probables prioridades divergentes de la administración Trump y los actores regionales. Pero los problemas de los flujos migratorios y la seguridad no desaparecerán una vez que desaparezca ISIS. Si Europa es seria sobre abordar estos temas, ahora es el momento de intensificar su compromiso político y económico en la región.