Aunque no existe un deseo generalizado de "castigar" a Reino Unido, hay poco interés en Madrid hacia cualquier concesión de salida. 

Aunque no existe un deseo generalizado de "castigar" a Reino Unido, hay poco interés en Madrid hacia cualquier concesión de salida. 

La posición general de España sobre el Brexit no ha cambiado esencialmente desde el inicio de los debates después del referéndum. Los funcionarios siguen convencidos de que las próximas negociaciones se refieren a la retirada del Reino Unido de la UE (incluidas cuestiones como la solución financiera, los derechos y obligaciones de los ciudadanos) y no su futura relación con Europa. La única excepción a este mantra de "negociaciones de salida" es el estado de la frontera en Irlanda del Norte, dada su naturaleza.

En una etapa posterior, los funcionarios sostienen que, si las negociaciones de salida se desarrollan sin contratiempos y hay una evaluación positiva de la participación del gobierno británico, tal vez podría haber espacio para iniciar discusiones -aunque no necesariamente negociaciones- sobre los términos del futuro acuerdo UE- Reino Unido. Pero no se espera que estos términos vayan mucho más allá de los ofrecidos a otros socios comerciales como Canadá.

La opinión pública española estaba firmemente a favor de que el Reino Unido permaneciera en Europa en el momento del referéndum, pero, aunque hubo alguna esperanza después de la votación de que el Brexit pudiera ser evitado, ahora está quedando claro para la mayoría de los políticos españoles que el Reino Unido y Europa se dirigen hacia un "Brexit duro". Aunque no hay un deseo generalizado de "castigar" al Reino Unido, hay un escaso interés hacia cualquier concesión de salida - especialmente cuando se trata de los principios fundamentales del proyecto europeo, como la libertad de movimiento.

De hecho, la impresión es que otras concesiones al Reino Unido podrían haber sido más probables si hubiera elegido permanecer en la unión. En cambio, la percepción en España de una actitud cada vez más xenófoba, delirante y paternalista del establishment británico está destruyendo rápidamente cualquier buena voluntad que alguna hubiera podido poseer.

Dos delicadas cuestiones para España en las negociaciones de Brexit son las tensiones internas con el gobierno independentista de Cataluña, que está observando estrechamente a Escocia, y la espinosa cuestión de Gibraltar. El nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Alfonso Dastis, ha expresado su deseo de que cualquier disposición sobre Gibraltar tenga que ser acordada por España. Mientras tanto, los partidos de oposición, habiendo aceptado concesiones hace un año, ahora toman una posición más dura que el gobierno de Rajoy.

Para la mayoría de los españoles, entonces, Brexit es otro problema europeo - eso sí, uno grande - que se manejará en los próximos años. Algunos políticos destacan las oportunidades que tiene España para un nuevo grupo central "EU4" de Alemania, Francia, Italia y España, o una integración más profunda en defensa que, según ellos, podría avanzar ahora que el Reino Unido no puede bloquear tales perspectivas. Pero la visión general es pesimista.

El Reino Unido es uno de los principales destinos de la Inversión Extranjera Directa (FDI, en sus siglas en inglés) en España, clave para algunas de sus empresas más grandes (aunque varios pueden desarrollar contingencias para reducir sus negocios británicos o trasladarse a otro lugar). España es también un importante destino turístico para los ciudadanos británicos. Además, al menos un cuarto de millón de españoles trabaja en el Reino Unido, mientras que el número de residentes británicos en España es aún mayor. No hay ninguna voluntad de endurecer las regulaciones sobre la residencia de los ciudadanos del Reino Unido en España, pero el papel que estos factores jugarán en las negociaciones es, sin embargo, poco claro en esta etapa.