Javi López, Eurodiputado del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, examina el estado de las relaciones internacionales de Europa en la entrevista realizada por José Ignacio Torreblanca, Jefe de la Oficina de Madrid e Investigador Principal del European Council on Foreign Relations para la serie España y Europa en tiempos de crisis

José Ignacio Torreblanca (JIT): ¿En qué consiste tu trabajo en la Comisión de Asuntos Exteriores en el Parlamento Europeo?, y ¿Cuánto se parece a un Parlamento o a un gobierno nacional?

Javi López (JL): El Parlamento Europeo se parece bastante poco al Congreso de los Diputados español, es un modelo más cercano al senado americano, donde los diputados tienen mucha autonomía, y una capacidad técnica muy potente detrás. En la Comisión de Exteriores que siempre se ha caracterizado por ser una especie de la joya de la corona del parlamento europeo - porque además tiene muchos diputados en exteriores que han sido ministros, que han sido primeros ministros, con largas trayectorias - tienes varias funciones.  El primero es el control a lo que hace el Alto Representante, Josep Borrell, que trabaja para el Consejo, pero con quien el Parlamento Europeo habla, discute y debate muy a menudo. Segundo, aprobamos los acuerdos comerciales; la mayoría son acuerdos de asociación, es decir políticos, en cooperación y en comercio. Tercero, aprobamos el presupuesto en exteriores, que no es poca cosa. Y cuarto, la Comisión de Exteriores también valora al Alto Representante, tiene que apoyarle, no solo el Consejo, porque es un nombramiento mixto entre el Consejo y el Parlamento. La Comisión de Exteriores hace mucho, o sea, tenemos unas cuantas funciones, y luego es una caja de resonancia; vienen primeros ministros, embajadores, presidentes de parlamentos muy a menudo y se sigue la actualidad de lo que pasa en el mundo.

JIT: ¿En qué cosas estáis más unidos y funcionáis como bloque, y en qué cosas caéis más en líneas naturales de partido, ideología, etc.?

JL: Creo que en la Comisión de Exteriores existe un consenso bastante básico sobre las líneas maestras de lo que debería hacer la Unión, es decir entre los tres grandes grupos; liberales, conservadores, socialdemócratas, y a eso añadiría los verdes, de ahí un trabajo bastante cooperativo en ese ámbito. Luego, pesan evidentemente las líneas ideológicas, pero también las territoriales. Los grupos conservadores, y especialmente el Este tiene más apego a los lazos trasatlánticos, al mismo tiempo, las relaciones con Rusia están muy marcadas por los países del Este y su visión de Rusia. Por ejemplo, ahora debatimos mucho sobre China y hay algunos países que tienen unos intereses especiales económicos en las relaciones con China; no es lo mismo Francia que Italia o Alemania. Entonces hay una mezcla de esas dos líneas; ideológicas y territoriales, pero también hay mucho de interés. Por ejemplo, Latinoamérica o la vecindad sur. Nosotros tenemos mucho interés como españoles en poder hablar, sino somos nosotros que lo hacen y lo introducen en la agenda, es muy difícil meterlo.

JIT: ¿Estas llevando además una parte importante de esa agenda latinoamericana en el Comité?

JL: Sí. Los españoles y en parte los italianos y portugueses, acabamos trabajando mucho en las relaciones con Latinoamérica, que para España son una responsabilidad en términos de política exterior, como de acción exterior para la Unión Europea. Tenemos allí un subcontinente gigantesco con unos intereses comerciales, políticos y económicos cruzados. Además, Latinoamérica es de las pocas regiones en el mundo que pretende jugar un papel bajo nuestras coordenadas, con una agenda común, propia de la democracia liberal: lucha contra el cambio climático, globalización inclusiva, es decir con normas pero que apueste por utilizar los beneficios del mercado, del comercio exterior, y del multilateralismo. Con pocos compartimos eso. Pero cuesta, tan cerca y tan lejos en la relación con Latinoamérica.

JIT: ¿En tu relación con los socios latinoamericanos ves que ellos están preocupados por qué internacionalmente la Unión Europea este en un momento más introspectivo debido al efecto de la pandemia?

JL: Creo que sí, especialmente cuando en Latinoamérica, como en cualquier otro lugar, los vacíos se quedan ocupados por otros. Los últimos diez años para Europa ha sido bastante introspectivos, hemos tenido una larga lista de crisis, y además hemos tenido, en materia de política exterior, muchos problemas relevantes en nuestra vecindad. El conflicto en Ucrania, la tensión con Rusia, la guerra en Siria y en Libia han acabado marcando nuestra agenda. Y luego, no era solo la exterior sino también la interior, a partir del 2015, la llegada de un volumen muy relevante de migrantes y de refugiados especialmente. Creo que ahora tenemos la responsabilidad y la obligación de pensar más allá de las urgencias en nuestra vecindad y pensar en nuestro papel como actor global, o con vocación de ser un actor global.

JIT: Y dentro de lo que son los socios importantes de la UE en Latinoamérica, tenemos un panorama algo desigual. México tiene un presidente que carece de interés absoluto por la política internacional y que está llevando al país a un momento de crisis económica, en Brasil tenemos a Bolsonaro que ha truncado una agenda importante, en un momento que estábamos a punto de cerrar acuerdos pendientes, y Argentina, no sabemos tampoco de qué lado está cayendo. ¿Cuáles son las interlocuciones y las agendas que podemos hacer avanzar en el continente?

JL: México, es cierto que tiene una presidencia bien peculiar y también en materia de política exterior, pero es un gigante, y que esperamos, durante el año que viene, poder renovar nuestro acuerdo de asociación y acuerdo comercial con México, un acuerdo global que tiene muchas áreas de trabajo conjuntas. De hecho, esperamos renovar los acuerdos comerciales con México y con Chile y el acuerdo con Mercosur - aunque quedará, muy probablemente, colgado - sería una buena noticia sacarlo hacia adelante. Nos preocupa mucho la deriva autoritaria en algunos sitios de conflicto, la situación tan penosa que vive Venezuela acaba intoxicando las relaciones entre la UE y Latinoamérica, también polariza mucho la región, y nos preocupa la deriva de algunos otros países como Nicaragua y Honduras. Bolsonaro es un ejemplo de hacia dónde pueden llevar las elecciones. Ahí tenemos interlocutores. Sus democracias también padecen lo mismo que les pasa a las nuestras, este tipo de efecto entre el autoritarismo y el populismo, esas dos tensiones internas que hemos visto en términos electorales, que la región también las vive. Pero lo hacemos con mucho interés porque entendemos que las relaciones son absolutamente fundamentales.

JIT: Volviendo a la crisis y al continente, hay un elemento muy interesante del Fondo Europeo de Recuperación, parece que va a haber dinero para política exterior o más dinero del que había antes porque se quiere que esa salida del Fondo Europeo también en ella se involucre a otros países. ¿Vais a seguir desde el Comité de Exteriores la parte exterior de la agenda del Fondo Europeo de Recuperación?

JL: Sí, por supuesto. Estamos siguiendo mucho lo que se está haciendo, por ejemplo, durante los últimos tres meses, la repatriación de centenares de miles de europeos, una cosa que nunca había hecho la UE, y que ha hecho el SEAE con Borrell. Es un trabajo consular espectacular y es probable que ese tipo de funciones, que nunca las había ejercido la diplomacia europea, ahora queden en parte algo en sus manos. Ahora viene la segunda parte que es la parte de acción exterior y que por primera vez tengo la percepción de que después de diez años con crisis que había significado una cierta disgregación, vamos a tener un paso adelante en términos de integración. La parábola de las crisis como palancas de cambio y de reforma interna, en esta vez, porque no siempre ha sido así los últimos diez años, sí que puede funcionar y fortalecer la musculatura de la acción de la UE, también la acción exterior. Ahora estamos discutiendo la posibilidad de duplicar nuestro presupuesto, así de rápido.

JIT: ¿Están apoyando desde el Comité de Asuntos Exteriores la cuestión de la lucha contra la desinformación, a raíz de la crisis de desinformación, que ha adquirido un carácter geopolítico y vital por la infodemia?

JL: De hecho, ayer se aprobó la creación de un grupo de trabajo, un subcomité especial, como se hizo el mandato anterior sobre Luxemburgo y el tax shoring que estaban haciendo por la filtración de documentos alrededor de eso. Pues igual, una comisión especial sobre desinformación, o sea hasta ese punto llega el interés del Parlamento Europeo, es enorme.

JIT: Estas trabajando en un informe sobre el multilateralismo, ¿Cuéntanos cuál es el diagnóstico, la preocupación y que pensáis hacer en términos del proceso y los resultados de este tema?

JL: Los informes de la Comisión de Exteriores son como el máximo instrumento que se tiene para emitir opiniones. No tenemos iniciativa legislativa, pero sí que podemos trabajar a fondo durante un año en la estrategia, acordarla, hablarla con expertos, stakeholders y think tanks, como el European Council on Foreign Relations para poder discutir, aprender y especialmente marcar líneas de trabajo que compartimos con el Consejo, el SEAE y el Alto Representante. Creo que esto es una obviedad que el mundo es cada vez más hostil a los valores, mecanismos y el lenguaje que Europa habla, cada vez nos sentimos más como unos herbívoros en un mundo de carnívoros, y esta lógica de competencia muy marcada por la competencia sino-americana que ha sido muy cruda durante los últimos meses, en donde hay evidentemente una competencia con una guerra de relatos, por eso la desinformación juega un papel en esta competencia geopolítica. Nosotros tenemos que recuperar nuestro lenguaje y especialmente nuestra vocación, y nuestra vocación es un mundo que coopera y no compite, que utiliza los órganos multilaterales.

La cuestión aquí es como defender un multilateralismo en un mundo en el que los órganos multilaterales están hechos trizas. Miramos lo que ha pasado los últimos tres meses; el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no se ha podido ni reunir porque no se ponen de acuerdo de dónde viene el virus; el G-20 ha jugado un papel testimonial, en la última gran crisis económica jugó un papel muy relevante; el G-7 parece que no se va a poder reunir porque Trump quiere invitar a Putin; la OMS que - aunque hemos visto unas cuantas debilidades en su funcionamiento - se está yendo EE.UU.; y la OMC fue incapaz de parar la guerra comercial. O sea, tenemos que pensar cómo Europa en un mundo de competencia, de fin del multilateralismo y la cooperación, pero cómo renueva su estrategia de cara a las organizaciones multilaterales que han quedado como dislocadas durante este tiempo. ¿Se puede defender al multilateralismo con organizaciones multilaterales tan débiles?

JIT: Cuando hay dos actores como EE. UU. y China que están casi empeñados en meterse en esa trampa de Tucídides ¿Te preocupa el hablar de una nueva guerra fría?, ¿Te preocupa que Europa sea el campo de batalla, por lo menos en el relato o en algunos temas comerciales o de tecnología?

JL: Esa sería la consecuencia directa de nuestra debilidad. Vamos a ir ahí directamente si no somos capaces de organizarnos y tener una acción de la UE fuerte internamente y estable, y al mismo tiempo con vocación de propia y autónoma a nivel externo. Esto también lo hemos discutido muchas ocasiones; si Europa es un player o un playground; o eres actor o te conviertes en el terreno de juego del resto - además tenemos a Rusia de por medio - eso es lo que debería intentar gestionar la UE. Todo el mundo está de acuerdo que ahora mismo el mundo vive una profunda transformación, en búsqueda de un nuevo equilibrio, esa transformación está marcada por la competencia entre China y EE. UU., unos cambios que pueden durar ¿Cuánto? 10, 20, 25 años.

Creo que aquí hay primero, un riesgo evidente de que tanto EE.UU. como China aumenten tanto el nivel de tensión que pueda haber una colisión, y eso es lo más peligroso que le puede pasar al mundo en los próximos 20 años. Entonces ¿Cómo la UE juega un papel?; Segundo es que el mundo acabe encontrando un nuevo equilibrio de aquí a 10, 20, 25 años en donde Europa quede fuera de juego, eso es un escenario que también tiene que evitar. Si Estados Unidos y China encuentran un nuevo equilibrio y acaban conformando un G-2 y se reparten de alguna forma el mundo, eso sería muy peligroso para Europa.

JIT:  Vamos al papel de España en Europa. ¿Esta crisis es diferente en los liderazgos? En el 2008 tuvimos un liderazgo francoalemán muy negativo para España, sobre todo al comienzo con Sarkozy y Merkel, ahora hay un escenario mucho más proclive a la participación. ¿Qué campo de juego natural se espera que España tenga en esta crisis, tanto internacionalmente como desde el punto de vista de la salida de la crisis?

JL: Mi sensación es que, en la anterior crisis, España acabó siendo un objeto de la política europea y hoy es un sujeto de la política europea; participamos en la discusión y en la toma de decisiones. Es verdad que el eje francoalemán, y especialmente Alemania, con la propuesta que lanza la Comisión que está en gran medida inspirada por la propuesta francoalemana acaba cruzando el Rubicón. Alemania acepta la emisión de deuda por valor de 750 000 millones de euros de deuda común europea. Sí que hay un cambio de estrategia que hace romper las líneas rojas que había tenido hasta ahora. Por otro lado, tenemos a Italia que tiene intereses convergentes pero que juega un papel más altisonante, también por su composición de gobierno. Entonces a nosotros nos ha permitido jugar un papel constructivo y exigente, pero cómodo, porque teniendo a Italia y a Francia y Alemania moviéndose - a mi modo de ver - por la dirección correcta.

Hemos puesto papeles encima de la mesa, hemos puesto opiniones encima la mesa. Creo que nuestra opinión vale, y de hecho, con la salida de los británicos y con Polonia en manos de quién está, a España le dejan un papel de mucha centralidad. También tenemos al PP español, que juega un papel relevante en el PP europeo, Ciudadanos también juega un papel importante en el Grupo Liberal, y nosotros tenemos el gobierno socialdemócrata más importante de Europa, y la presidencia, que esto también es muy importante. Deberíamos tratar de cuidar nuestra estabilidad interna porque nuestra estabilidad interna está repercutiendo en nuestra influencia externa.

JIT: Hay algo ahí un poco raro, entre vivir de lunes a jueves en un oasis de consenso europeo y luego venir al barro nacional el jueves y el viernes.

JL: A veces sigo con asombro la política de mi país. El tono de algunas discusiones y el papel de la extrema derecha está condicionando buena parte de la conversación. Me preocupa porque no es reflejo de la mayor de las preocupaciones del español medio que espera que los partidos lleguen a acuerdos y se pongan a trabajar conjuntamente en momento de emergencia como el actual.