Una pequeña peluquería española puede parecer un lugar extraño para dar una idea de la relación de España con la UE. Sin embargo, su nombre, “Tintorería Europa”, revela mucho sobre el amor incondicional de España por Europa.

Una pequeña tintorería española puede parecer un lugar extraño para dar una idea de la relación de España con la UE. Sin embargo, su nombre, “Tintorería Europa”, revela mucho sobre el amor incondicional de España por Europa.
 
Como José Ignacio Torreblanca explicó a su audiencia en el Palacio Macaya de Barcelona en un evento organizado ayer por el Consell Català del Moviment Europeu y la Fundación Obra Social “la Caixa”, este sentimiento no es del todo compartido por otros Estados miembros, muchos de los cuales han llegado a ver a Europa como un problema. De hecho, la preocupación por el déficit democrático de la UE combinada con el impacto de la crisis ha minado seriamente la confianza en la Unión. En toda Europa, e incluso en España, donde los partidos políticos están unidos en su apoyo al proyecto comunitario, se plantean interrogantes sobre la forma que tiene y debe tener. No hay una respuesta fácil, ya que es un terreno por explorar, sin modelo de cómo debe ser una estructura supranacional como la Unión Europea. 

Sin embargo, el sistema de toma de decisiones actual en la UE supone no sólo un paréntesis de la política, sino una forma de antipolítica en la que la democracia ha sido sustituida por la tecnocracia. El BCE se ha convertido en el actor principal, el cual, aunque emblema de la eficacia, actúa de manera inconstitucional y sin reforma o tratado. Mientras tanto la capacidad política de la UE ha empeorado y se asemeja cada vez más a una mera fábrica de regulación sin espacio para la verdadera política

La solución es avanzar en democracia. Las democracias nacionales deben trabajar juntas para completar el proceso de construcción de la UE mediante la mejora de debate público, el voto por los políticos correctos y la europeización de sus decisiones. En lugar del amor incondicional, el escepticismo o el rechazo, los Estados miembros de la UE deben combinar esfuerzos para reconstruir el proyecto, recuperando así la soberanía de la UE. Pero esto requiere una reinvención total del armario de Europa, no un simple planchado de traje.