Dear (new) foreign minister...

Commentary



Spain has a new minister of foreign affairs - Trinidad Jimenez. So what are the priorities? Firstly, to restore international confidence in Spain, but then to think of the long term challenges in a world that is changing quickly.

Dear minister:

You accept the Spanish Foreign Affairs portfolio at a crucial moment. In recent decades Spain has been a success story, admired in Europe and elsewhere for its achievements in all fields, including foreign policy. However the economic crisis has hurt our international image, and sown doubts about the country’s future. Restoring international confidence in Spain is, then, a priority task.

Note, however, that the long-term challenge is a greater one. Projections tell us that in 2014 Spain will have fallen from ninth to 12th position in the international economic ranking. If we look at the estimates made by Goldman Sachs for the next two decades, Spain does not appear among the world’s 20 largest economies. So take care, because the door that opened to admit us to the G-20 summit may be a revolving one.

The rise of other countries calls for reflection on our part. What do we want? How do we wish to get it? With whom? We speak of the BRICS, the emerging powers, forgetting that Spain is an already “emerged” power with much to say. Remember that in 2008 the size of our economy was equivalent to that of Russia or Brazil, though without the same international weight. Look at Turkey, now a firstrank regional actor, with fewer resources to hand than we have, but with correctly established priorities. We should, for once, be optimistic and think of how best to utilize our resources, which are many.

Though Spain is not a global power, it is a global actor, with global interests and responsibilities. Our language and culture are global; our major companies now obtain more than two-thirds of their profits from abroad. Our armed forces are deployed in far-flung regions; our development cooperation is globally conceived. All these must be used to best advantage.

To be strategic, to plan priorities and seek synergies: these are the keys. We must not wear out our energies in petty bilateral battles, which do little good for Spain, and damage our international image. So set aside things like Cuba, Kosovo, Venezuela and Gibraltar — important, but not priorities. The world is a much bigger place. The real international agenda is elsewhere: nuclear non-proliferation; preventing the emergence of spheres of influence in Europe; keeping Turkey in our orbit; keeping China from dividing Europe; preventing the collapse of the Sahel states and, above all, building a Europe that will really function on an international scale.

We are headed for a post-Western world. This is why it is crucial to establish a division of labour between Brussels and Madrid, by which European and Spanish foreign policy will be mutually reinforcing. Lady Ashton needs help and allies, and so does Spain. Italy is out of the game, Poland only has regional interests, and the United Kingdom is lost. France and Germany are going to need us. We should, then, be attentive as to where our best added value lies, and that of Brussels; and accordingly push our own foreign policy or that of Europe. Look what has been achieved by the foreign ministers of Poland, Sweden and other countries acting in concert in the Eastern area, and compare it with the poor results of Paris-Rome-Madrid in the Mediterranean.

One important problem is the fragmentation of Spanish foreign action. Outside of Spain, your colleagues are thinking of how to integrate defence, diplomacy and development. Our diplomacy, too, has to act in a coordinated way, to prevent conflicts, prop up fragile states and rebuild scenes of conflict.

Lastly, the defence of democracy and human rights has to be brought out of the bottom drawer, where it lay relegated by your predecessor. Values are important, too. Please pardon the impertinence. Good luck.

This article first appeared in El Pais English Edition and the International Herald Tribune on 25 October 2010.

(English translation)

Carta a la ministra

Estimada ministra:

Asume la cartera de Exteriores y Cooperación en un momento crucial. Internacionalmente, la España democrática es una historia de éxito. Este país ha sido admirado dentro y fuera de Europa por sus logros en todos los ámbitos, incluida la política exterior. Sin embargo, la crisis económica y financiera ha dañado nuestra imagen internacional y sembrado dudas acerca del futuro del país. Por esa razón, restaurar la confianza internacional en España será una tarea prioritaria.

Note, no obstante, que el desafío a largo plazo es aún de mayor calibre: las proyecciones nos dicen que, en 2014, España habrá descendido desde el noveno al 12º puesto en el ranking económico internacional. No se trata de un elemento coyuntural. Si mira las estimaciones que maneja Goldman Sachs para las próximas dos décadas, España no aparece entre las primeras 20 economías del mundo. Así que tenga cuidado, porque la misma puerta que nos ha abierto la entrada en el G-20 se podría convertir en una puerta giratoria.

El auge de los demás nos obliga a reflexionar. ¿Qué queremos? ¿Cómo queremos conseguirlo? ¿Con quién? Hablamos de los BRICS, de las potencias emergentes, pero olvidamos que España es una potencia "emergida" con mucho que decir. Recuerde que en 2008 el tamaño de nuestra economía era equivalente al de Rusia o Brasil sin que le sacáramos tanto partido internacional. Y mire Turquía, convertida en actor regional de primera con recursos mucho más escasos que los nuestros, pero con unas prioridades correctamente establecidas. Por una vez, seamos optimistas y pensemos en cómo maximizar nuestros recursos, que son muchos.

Aunque España no es una potencia global, sí que es un actor global, con intereses y, por tanto, responsabilidades globales. Nuestra lengua es global, nuestra cultura también, y nuestras grandes empresas obtienen ya más de dos tercios de sus beneficios en el exterior. Nuestras Fuerzas Armadas están desplegadas por todo el mundo y nuestra cooperación al desarrollo es global en su planteamiento. Todos ellos son importantes elementos de transformación en las relaciones internacionales que deben ser aprovechados.

Ser estratégico, planificar, priorizar, buscar sinergias: ahí están las claves. No se desgaste en pequeñas batallas bilaterales que poco aportan a España y que terminan por dañar su imagen internacional. Deje por tanto atrás los Cubas, Kosovos, Venezuelas y Gibraltares: son importantes, pero no prioritarios. El mundo es mucho más grande. La verdadera agenda internacional está en otros sitios: en la no proliferación nuclear; en evitar la emergencia de esferas de influencia en Europa; mantener a Turquía en nuestra órbita; lograr que China no divida a Europa; prevenir el colapso del Sahel, y, sobre todo, en construir una Europa que realmente funcione internacionalmente.

Vamos a un mundo posoccidental, así que juguemos nuestras bazas. Por eso es crucial establecer una división del trabajo entre Bruselas y Madrid por la cual la política exterior europea y la española se refuercen mutuamente. Lady Ashton necesita ayuda y aliados, y España también. Italia está fuera de juego, Polonia solo tiene intereses regionales y Reino Unido está perdido. Francia y Alemania nos van a necesitar. Busquemos por tanto dónde está nuestro valor añadido y dónde el de Bruselas y, según el caso, reforcemos la política exterior propia o la europea. Mire lo que han logrado los ministros de Exteriores de Polonia, Suecia, Eslovaquia y los Bálticos actuando juntos en la vecindad oriental y compárelo con los pobres resultados de nuestro triángulo con París y Roma en el Mediterráneo.

Pero para poder actuar fuera, primero hay que ser capaces dentro. Un importantísimo problema es el de la fragmentación de la acción exterior del Estado. Fuera de España, sus colegas están pensando en cómo integrar las tres D (defensa, diplomacia y desarrollo). Este desafío es urgente: nuestro sistema de cooperación, de defensa y nuestra diplomacia tienen que trabajar de forma coordinada para prevenir los conflictos, gestionar las crisis, atajar la pobreza, ayudar a los Estados frágiles y reconstruir los escenarios de conflicto. De lo contrario, nada de lo que hagamos será eficaz. Por último, si es posible, rescate la agenda de promoción de la democracia y los derechos humanos del cajón donde se le olvidó a su predecesor. Los valores también son importantes. Disculpe el atrevimiento. Buena suerte.

Este artículo fue publicado en El País el 22 de octubre de 2010.

 

The European Council on Foreign Relations does not take collective positions. This commentary, like all publications of the European Council on Foreign Relations, represents only the views of its authors.

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